En 7 meses Trump presentó más demandas para quitarle la ciudadanía a americanos naturalizados que en los 17 años anteriores — y julio fue el mes más alto en décadas
105 demandas civiles de desnaturalización entre enero y julio de 2026. En los 17 años anteriores, de 2008 a 2025, hubo 125. Solo en julio se presentaron 50. El DOJ estableció metas mensuales en diciembre de 2025. Los casos se archivan en 37 estados. Florida lidera con 19. Y la abogada especialista dice que los más vulnerables son los que menos pueden costear una defensa: ciudadanos naturalizados sin recursos que cometieron pequeñas irregularidades en su proceso hace años.
WASHINGTON — En los 17 años que van de 2008 a 2025, el gobierno federal de Estados Unidos presentó aproximadamente 125 demandas civiles buscando revocar la ciudadanía de americanos naturalizados. En los primeros siete meses de 2026, presentó 105. Si el ritmo se mantiene, este año habrá más demandas de desnaturalización que en cualquier otro período comparable desde que la Corte Suprema limitó severamente esa práctica en 1967.
Son datos de la Transactional Records Access Clearinghouse de la Universidad de Syracuse, que analiza registros de tribunales federales. Y la fotografía que dibujan es inédita en la historia migratoria reciente de EE.UU.
El pico fue julio de 2026: 50 demandas en un solo mes. Antes, entre enero y junio, el gobierno había presentado 55. La aceleración es brusca y deliberada. En diciembre de 2025, según explicó a Newsweek un ex alto funcionario del USCIS, el gobierno estableció metas mensuales de desnaturalización — ambiciosas, dijo la fuente, dadas la complejidad de cada caso.
Qué es la desnaturalización y cómo funciona. La desnaturalización es el proceso legal mediante el cual el gobierno busca revocar la ciudadanía de una persona que ya fue naturalizada. Es una demanda civil — no penal — que el Departamento de Justicia presenta en un tribunal federal. El estándar legal que el gobierno debe cumplir es el de “evidencia clara y convincente.” No es la prueba más allá de toda duda razonable que se exige en los casos penales — pero tampoco es sencillo de cumplir.
Los motivos legales para una demanda de desnaturalización incluyen fraude, tergiversación u ocultamiento de hechos materiales durante el proceso de naturalización, ciertos antecedentes penales y preocupaciones de seguridad nacional. En junio de 2025, la División Civil del Departamento de Justicia emitió una directiva instruyendo a sus abogados a “priorizar y perseguir al máximo los procesos de desnaturalización en todos los casos permitidos por la ley y respaldados por la evidencia.”
Si el gobierno gana, la persona pierde la ciudadanía americana. Dependiendo de su situación, puede iniciar un proceso de deportación.
La máquina que se construyó durante años y que Trump está usando ahora. Lo que hace el aumento de 2026 especialmente significativo es que no se construyó de la noche a la mañana. Adam Klein, cofundador de Globali.ai y ex funcionario del DHS que lideró anteriormente los esfuerzos para centralizar el proceso de desnaturalización del gobierno, lo explicó así: “La centralización no determina qué casos persigue una administración, pero una vez que el gobierno ha construido la maquinaria para identificar, desarrollar y referir estos casos de manera consistente, un cambio de política puede operacionalizarse mucho más rápidamente y a mayor escala.”
El USCIS centralizó su trabajo de desnaturalización, invirtió en tecnología que puede identificar conexiones entre nombres, identidades, huellas digitales y registros de inmigración, y aumentó el escrutinio de casos previamente aprobados. La herramienta existe desde hace años — Trump simplemente decidió usarla a máxima velocidad.
Los números en perspectiva. La comparación histórica que proporciona el artículo es reveladora: entre 1990 y 2017, el gobierno federal inició un promedio de alrededor de 11 casos de desnaturalización anuales. Durante el primer mandato de Trump, esa cifra se elevó a aproximadamente 25 casos por año. El ritmo actual supera los 180 anualizados.
Cassandra Burke Robertson, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Case Western Reserve, lo llamó “históricamente extraordinario”, con cifras comparables no vistas desde antes de que el Supremo limitara la desnaturalización en 1967. “Durante la mayor parte del último medio siglo, la desnaturalización civil era una herramienta de último recurso, reservada principalmente para criminales de guerra de la era nazi y un puñado de casos de fraude flagrante.”
El problema constitucional. La Corte Suprema limitó la desnaturalización en 1967 en el caso Afroyim v. Rusk, donde estableció que la Decimocuarta Enmienda protege el derecho de una persona a seguir siendo ciudadana americana a menos que esa ciudadanía sea voluntariamente renunciada. Es el mismo principio que el gobierno de Trump usó en enero de 2025 para firmar el decreto ejecutivo de ciudadanía por nacimiento — y que el Supremo bloqueó. La tensión constitucional entre la política de la administración y los límites establecidos por el Supremo en 1967 es el eje jurídico sobre el que pivota todo el debate.
La advertencia que más duele. Robertson señaló un problema que los datos no muestran pero que las personas naturalizadas sí sienten: los casos de desnaturalización no tienen estatuto de limitaciones reconocido, no dan derecho a un abogado de oficio — es decir, el acusado tiene que pagar su propia defensa — y el estándar de prueba es más bajo que en los casos penales.
“Las personas con más probabilidades de quedar atrapadas en un caso marginal o débil son las que menos pueden defenderse de uno”, dijo Robertson. Y concluyó con la frase que resume el efecto de fondo de toda esta ola: “El mayor problema es que hace que la ciudadanía se sienta menos segura para los ciudadanos naturalizados.”
Para los 25,8 millones de ciudadanos americanos naturalizados que viven en EE.UU. — muchos de ellos ecuatorianos, colombianos, mexicanos, dominicanos y de otras comunidades latinas del noreste — esa es la noticia del día.
In 7 months Trump filed more lawsuits to strip naturalized Americans of citizenship than in the previous 17 years combined — and July was the highest month in decades
105 civil denaturalization lawsuits between January and July 2026. In the previous 17 years, from 2008 to 2025, there were 125 total. July alone saw 50. DOJ set monthly targets in December 2025. Cases filed in 37 states. Florida leads with 19. And the law professor says those most at risk are the ones who can least afford a defense: naturalized citizens without resources who committed minor irregularities in their process years ago.
WASHINGTON — In the 17 years from 2008 through 2025, the U.S. federal government filed approximately 125 civil lawsuits seeking to revoke the citizenship of naturalized Americans. In the first seven months of 2026, it filed 105. If the pace holds, this year will see more denaturalization lawsuits than any comparable period since the Supreme Court severely limited the practice in 1967.
The data comes from Syracuse University’s Transactional Records Access Clearinghouse, which analyzes federal court records. And the picture it paints is unprecedented in recent American immigration history.
The peak was July 2026: 50 lawsuits in a single month. Between January and June, the government had filed 55. The acceleration is sharp and deliberate. In December 2025, according to a former senior USCIS official who spoke to Newsweek, the government set monthly denaturalization targets — ambitious ones, said the source, given the complexity of each case.
What denaturalization is and how it works. Denaturalization is the legal process by which the government seeks to revoke citizenship from someone who has already been naturalized. It is a civil lawsuit — not criminal — filed by the Department of Justice in federal court. The legal standard the government must meet is “clear and convincing evidence.” It is not the beyond-a-reasonable-doubt standard required in criminal cases — but it is not simple to satisfy either.
Legal grounds for a denaturalization lawsuit include fraud, misrepresentation or concealment of material facts during the naturalization process, certain criminal records and national security concerns. In June 2025, the DOJ’s Civil Division issued guidance directing attorneys to “prioritize and maximally pursue denaturalization proceedings in all cases permitted by law and supported by the evidence.”
If the government wins, the person loses their U.S. citizenship. Depending on their circumstances, removal proceedings may follow.
The machine that was built over years and that Trump is now using. What makes 2026’s surge especially significant is that it wasn’t built overnight. Adam Klein, co-founder of Globali.ai and a former DHS official who previously led efforts to centralize the government’s denaturalization process, explained: “Centralization does not determine which cases an administration chooses to pursue, but once the government has built the machinery to identify, develop and refer these cases consistently, a change in policy can be operationalized much more quickly and at greater scale.”
USCIS centralized its denaturalization work, invested in technology that can identify connections among names, identities, fingerprints and immigration records, and increased scrutiny of previously approved cases. The tool has existed for years — Trump simply decided to use it at maximum speed.
The numbers in perspective. The historical comparison the article provides is striking: between 1990 and 2017, the federal government initiated an average of about 11 denaturalization cases annually. During Trump’s first term, that rose to roughly 25 per year. The current pace exceeds 180 annualized.
Cassandra Burke Robertson, a professor at Case Western Reserve University School of Law, called it “historically extraordinary,” with comparable numbers not seen since before the Supreme Court limited denaturalization in 1967. “For most of the last half-century, civil denaturalization was a tool of last resort, reserved largely for Nazi-era war criminals and a handful of egregious fraud cases.”
The constitutional problem. The Supreme Court limited denaturalization in 1967 in Afroyim v. Rusk, holding that the Fourteenth Amendment protects a person’s right to remain a U.S. citizen unless that citizenship is voluntarily relinquished. It is the same principle the Trump government relied on in January 2025 to sign the birthright citizenship executive order — which the Supreme Court blocked. The constitutional tension between the administration’s policy and the limits the Supreme Court established in 1967 is the legal axis around which the entire debate pivots.
The warning that stings most. Robertson highlighted a problem the data doesn’t show but naturalized citizens feel: denaturalization cases have no recognized statute of limitations, do not provide a right to court-appointed counsel — meaning the accused must pay their own defense — and the standard of proof is lower than in criminal cases.
“The people most likely to be caught in a marginal or weak case are the ones least able to defend one,” Robertson said. And she concluded with the line that captures the underlying effect of this entire wave: “The biggest issue is that it makes citizenship feel less secure for naturalized citizens.”
For the 25.8 million naturalized American citizens living in the U.S. — many of them Ecuadorian, Colombian, Mexican, Dominican and from other Latin American communities in the Northeast — that is today’s news.
Em 7 meses Trump apresentou mais processos para retirar a cidadania de americanos naturalizados do que nos 17 anos anteriores combinados — e julho foi o mês mais alto em décadas
105 processos civis de desnaturalização entre janeiro e julho de 2026. Nos 17 anos anteriores, de 2008 a 2025, foram 125 no total. Só em julho foram 50. O DOJ estabeleceu metas mensais em dezembro de 2025. Os casos foram distribuídos em 37 estados. A Flórida lidera com 19. E a professora de direito diz que os mais vulneráveis são os que menos podem pagar uma defesa: cidadãos naturalizados sem recursos que cometeram pequenas irregularidades no processo anos atrás.
WASHINGTON — Nos 17 anos que vão de 2008 a 2025, o governo federal dos Estados Unidos apresentou aproximadamente 125 processos civis buscando revogar a cidadania de americanos naturalizados. Nos primeiros sete meses de 2026, apresentou 105. Se o ritmo se mantiver, este ano haverá mais processos de desnaturalização do que em qualquer período comparável desde que a Suprema Corte limitou severamente essa prática em 1967.
Os dados vêm da Transactional Records Access Clearinghouse da Universidade de Syracuse, que analisa registros de tribunais federais. E o quadro que pintam é inédito na história migratória recente dos EUA.
O pico foi julho de 2026: 50 processos em um único mês. Entre janeiro e junho, o governo havia apresentado 55. A aceleração é brusca e deliberada. Em dezembro de 2025, segundo explicou à Newsweek um ex-alto funcionário do USCIS, o governo estabeleceu metas mensais de desnaturalização — ambiciosas, disse a fonte, dada a complexidade de cada caso.
O que é a desnaturalização e como funciona. A desnaturalização é o processo legal pelo qual o governo busca revogar a cidadania de uma pessoa já naturalizada. É uma ação civil — não criminal — apresentada pelo Departamento de Justiça num tribunal federal. O padrão legal que o governo deve cumprir é o de “evidência clara e convincente.” Não é o padrão de prova além de toda dúvida razoável exigido nos casos criminais — mas tampouco é simples de atender.
Os fundamentos legais para um processo de desnaturalização incluem fraude, tergiversação ou ocultamento de fatos materiais durante o processo de naturalização, certos antecedentes criminais e preocupações de segurança nacional. Em junho de 2025, a Divisão Civil do Departamento de Justiça emitiu uma diretriz instruindo seus advogados a “priorizar e perseguir ao máximo os processos de desnaturalização em todos os casos permitidos pela lei e respaldados pelas evidências.”
Se o governo vencer, a pessoa perde a cidadania americana. Dependendo de suas circunstâncias, um processo de deportação pode se seguir.
A máquina construída ao longo de anos que Trump agora usa. O que torna o aumento de 2026 especialmente significativo é que não foi construído da noite para o dia. Adam Klein, cofundador da Globali.ai e ex-funcionário do DHS que anteriormente liderou os esforços para centralizar o processo de desnaturalização do governo, explicou: “A centralização não determina quais casos uma administração escolhe perseguir, mas uma vez que o governo construiu a maquinaria para identificar, desenvolver e encaminhar esses casos de forma consistente, uma mudança de política pode ser operacionalizada muito mais rapidamente e em maior escala.”
O USCIS centralizou seu trabalho de desnaturalização, investiu em tecnologia capaz de identificar conexões entre nomes, identidades, impressões digitais e registros de imigração, e aumentou o escrutínio de casos previamente aprovados. A ferramenta existe há anos — Trump simplesmente decidiu usá-la em velocidade máxima.
Os números em perspectiva. A comparação histórica que o artigo fornece é reveladora: entre 1990 e 2017, o governo federal iniciou uma média de cerca de 11 casos de desnaturalização anuais. Durante o primeiro mandato de Trump, esse número subiu para aproximadamente 25 por ano. O ritmo atual supera 180 anualizados.
Cassandra Burke Robertson, professora da Faculdade de Direito da Universidade Case Western Reserve, chamou de “historicamente extraordinário”, com números comparáveis não vistos desde antes de a Suprema Corte limitar a desnaturalização em 1967. “Durante a maior parte do último meio século, a desnaturalização civil era uma ferramenta de último recurso, reservada principalmente para criminosos de guerra da era nazista e um punhado de casos de fraude flagrante.”
O problema constitucional. A Suprema Corte limitou a desnaturalização em 1967, no caso Afroyim v. Rusk, estabelecendo que a Décima Quarta Emenda protege o direito de uma pessoa a continuar sendo cidadã americana, a menos que essa cidadania seja voluntariamente renunciada. É o mesmo princípio que o governo Trump usou em janeiro de 2025 para assinar o decreto sobre cidadania por nascimento — que a Suprema Corte bloqueou. A tensão constitucional entre a política da administração e os limites estabelecidos pela Suprema Corte em 1967 é o eixo jurídico em torno do qual gira todo o debate.
O aviso que mais dói. Robertson apontou um problema que os dados não mostram, mas que os cidadãos naturalizados sentem: os casos de desnaturalização não têm prazo prescricional reconhecido, não concedem direito a advogado público — ou seja, o acusado tem que pagar sua própria defesa — e o padrão de prova é mais baixo do que nos casos criminais.
“As pessoas com maior probabilidade de serem apanhadas num caso marginal ou fraco são as que menos podem se defender de um”, disse Robertson. E concluiu com a frase que resume o efeito subjacente de toda essa onda: “O maior problema é que faz a cidadania parecer menos segura para os cidadãos naturalizados.”
Para os 25,8 milhões de cidadãos americanos naturalizados que vivem nos EUA — muitos deles equatorianos, colombianos, mexicanos, dominicanos e de outras comunidades latino-americanas no nordeste — essa é a notícia do dia.