EL PACTO DE LA DEFENSA MUTUA: PUTIN Y LA DIPLOMÁTICA COREANA ANUNCIAN QUE LA ALIANZA PROGRESA “SEGÚN LO PLANEADO”

EL PACTO DE LA DEFENSA MUTUA: PUTIN Y LA DIPLOMÁTICA COREANA ANUNCIAN QUE LA ALIANZA PROGRESA “SEGÚN LO PLANEADO”

Moscú, 27 de octubre de 2025—En un encuentro de alto nivel que subraya la consolidación de un eje geopolítico bajo la presión occidental, el presidente ruso Vladimir Putin recibió en el Kremlin a la ministra de Asuntos Exteriores de Corea del Norte, Choe Son Hui. La reunión, celebrada en presencia del canciller ruso Sergey Lavrov, no fue un mero intercambio protocolario, sino una ratificación pública del curso de una relación que, según el propio Putin, avanza “según lo planeado”.


Este optimismo declarado por el líder ruso resuena con la retórica de su contraparte norcoreana. Choe Son Hui transmitió los “cálidos deseos” del líder Kim Jong Un y, en conversaciones previas con Lavrov, había elogiado la “cercanía espiritual” que une a las dos naciones. Este término, cargado de significado en el lenguaje diplomático, va más allá de la mera cooperación económica o estratégica; sugiere una hermandad forjada en el aislamiento y la resistencia frente a las sanciones internacionales. Ambas naciones, de hecho, se encuentran bajo un extenso régimen de restricciones occidentales, lo que ha acelerado su acercamiento.


La crónica de esta alianza ha sido escrita con tinta de guerra en los últimos años. El momento decisivo llegó con la firma de un trascendental pacto de defensa en 2024, que compromete a Rusia y Corea del Norte a brindarse apoyo militar mutuo en caso de ser blanco de una “agresión”. Este compromiso no ha tardado en materializarse. Desde la firma del pacto, Corea del Norte ha enviado aproximadamente 10.000 soldados a combatir en la guerra de Rusia contra Ucrania, un despliegue que, según estimaciones de Seúl y Kiev, ha costado la vida a más de 600 de estos efectivos.


Pyongyang reconoció oficialmente la participación de sus soldados en abril, destacando su rol en la recuperación de la estratégica región rusa de Kursk tras una contraofensiva ucraniana. La semana anterior al encuentro en el Kremlin, Kim Jong Un celebró una solemne ceremonia en Pyongyang para inaugurar un museo en honor a las tropas caídas. En el evento, el líder norcoreano calificó el despliegue de sus fuerzas como “el comienzo de una nueva historia de solidaridad militante” con Rusia, consolidando una alianza que él ha descrito como “invencible”.


La convergencia de intereses entre Moscú y Pyongyang, especialmente en el ámbito militar y tecnológico, ha generado una profunda inquietud en Washington. Estados Unidos ha denunciado tener pruebas de que Rusia está incrementando su apoyo tecnológico a Corea del Norte, con particular énfasis en programas espaciales y de satélites. Esta preocupación subraya el temor de que la alianza no solo busque apoyo bélico, sino también una peligrosa transferencia de conocimientos que potencie las capacidades norcoreanas en áreas sensibles.


El encuentro entre Putin y Choe Son Hui, por lo tanto, no es solo una fotografía diplomática, sino un testimonio de la profundización de un eje que desafía el orden geopolítico global. Con la reafirmación de que sus lazos están evolucionando “según lo planeado”, Rusia y Corea del Norte envían un mensaje claro: su alianza, sustentada por un pacto de defensa mutua y reforzada en el campo de batalla, es una fuerza destinada a perdurar, independientemente de la presión internacional.


THE AXIS OF SANCTIONS: PUTIN AND NORTH KOREA’S TOP DIPLOMAT HAIL ‘SPIRITUAL CLOSENESS’ AS ALLIANCE DEVELOPS ‘ACCORDING TO PLAN’

Moscow, October 27, 2025—In the latest high-level engagement to solidify a geopolitical axis under intense Western scrutiny, Russian President Vladimir Putin met with North Korea’s Foreign Minister Choe Son Hui at the Kremlin. The meeting, which also included Russia’s top diplomat Sergey Lavrov, served as a powerful public confirmation that the relationship between the two states is progressing exactly “according to plan,” as stated by the Russian leader.


This buoyant assessment from Putin was echoed by the North Korean delegation. Foreign Minister Choe Son Hui passed on “warm wishes” from leader Kim Jong Un, having previously lauded the “spiritual closeness” that binds the two nations during discussions with Lavrov. This term, “spiritual closeness,” signifies more than mere political expediency; it suggests a bond forged in shared isolation, as both countries operate under extensive Western sanctions. The mutual desire to defy these international pressures has clearly accelerated their strategic alignment.


The chronicle of this burgeoning alliance has been written on the front lines of the Ukraine conflict. The defining moment came with the signing of a landmark 2024 defense pact, committing Russia and North Korea to provide military support to each other in the event of “aggression.” This commitment has rapidly moved from paper to practice. North Korea has since deployed an estimated 10,000 troops to support Russia’s war against Ukraine, a significant contribution that has resulted in over 600 casualties, according to assessments from Seoul and Kyiv.


Pyongyang officially acknowledged its soldiers’ involvement in April, noting their crucial role in helping Russia retake its strategic Kursk region following a Ukrainian counteroffensive. Just days before the Moscow meeting, Kim Jong Un presided over a ceremony in Pyongyang to open a museum honoring the North Korean troops killed in the conflict. At the event, Kim hailed the deployment as “the beginning of a new history of militant solidarity,” consolidating an alliance he has proudly labeled “invincible.”


The increasingly deep convergence of Russian and North Korean interests, particularly in sensitive military and technological domains, has triggered alarm bells in Washington. The United States has expressed concern, citing evidence that Russia is increasing its technology support for North Korea, particularly in space and satellite programs. This perceived transfer of high-value capabilities raises serious questions about the long-term impact of the alliance, suggesting it goes beyond reciprocal military aid to potentially enhance North Korea’s offensive capabilities.


The meeting between Putin and Choe Son Hui is, therefore, more than a diplomatic photo opportunity. It is a bold testament to the deepening of an axis determined to challenge the existing global geopolitical order. By reaffirming that their relationship is moving “according to plan,” Russia and North Korea project a message of enduring solidarity: an alliance, underpinned by a mutual defense pact and hardened on the battlefield, is set to be a resilient fixture in international relations, regardless of international pressure.

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