Peluches con pistolas, funcionarios corruptos y un capo que viajaba tranquilo: el aeropuerto de Guayaquil, capital del crimen organizado

Peluches con pistolas, funcionarios corruptos y un capo que viajaba tranquilo: el aeropuerto de Guayaquil, capital del crimen organizado

Lo que parecía una red de tráfico de migrantes resultó ser también el carril VIP por el que los capos ecuatorianos entraban y salían del país. Dos menores de edad mataron a un narco en la zona de arribos. Su nombre ya aparecía en la investigación migratoria. Ecuador no tenía controlado nada.

GUAYAQUIL — El miércoles 17 de junio de 2026, a las seis de la tarde, Carlos Alberto Suástegui Villanueva bajó de un vuelo procedente de Centroamérica y avanzó hacia la puerta de llegadas internacionales del Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo. Alguien lo esperaba con rosas. Otros dos lo esperaban con armas. Tenía 39 años y era, según las autoridades, el cabecilla de Los Águilas en el cantón El Triunfo. Objetivo criminal priorizado. Alto riesgo. Cuatro antecedentes, tres detenciones previas. Y pasaporte en regla.

Dos adolescentes de 15 años le dispararon a quemarropa. Habían escondido las armas dentro de peluches de juguete para pasar los controles de seguridad. El aeropuerto cerró dos horas. La balacera fue captada por cámaras. Los menores fueron detenidos.

Y entonces empezó el verdadero escándalo.

El giro: no era solo tráfico de migrantes. Dos días después del asesinato, en la madrugada del 19 de junio, el Ministerio del Interior ejecutó la operación Gran Fénix 34 junto a la Policía Nacional, la Fiscalía General del Estado y la agencia estadounidense Homeland Security Investigations (HSI). Siete allanamientos en Guayas y Tungurahua, cinco detenidos. Entre los puntos intervenidos: las propias oficinas de Migración del Aeropuerto José Joaquín de Olmedo.

Lo que se investigaba como una red de tráfico ilegal de migrantes dio un vuelco radical. La Fiscalía reveló que la organización no solo sacaba personas del país con pasaportes ajenos: también usaba el sistema de control migratorio del aeropuerto para registrar salidas que no cuadraban con los manifiestos de vuelo. En otras palabras, los counters del aeropuerto servían para mover cabecillas.

El ministro del Interior, John Reimberg, lo explicó sin rodeos: “La investigación permitió detectar que dentro de Migración existían funcionarios y exfuncionarios que integraban una red dedicada a negociar pasaportes e identificaciones españolas y ecuatorianas con visas estadounidenses para suplantar identidades y enviar personas al exterior”. Entre los detenidos figuran funcionarios en servicio activo y exfuncionarios del área de Migración del aeropuerto.

Cómo operaba la red. El mecanismo era quirúrgico. La organización buscaba a personas con características físicas similares a los dueños de pasaportes reales —tanto ecuatorianos como europeos— y les entregaba esos documentos para viajar. Los funcionarios de Migración no solo no detectaban la suplantación: la facilitaban. Sellaban los pasaportes para que los viajeros pudieran embarcar sin problemas. El detalle más perturbador: una vez que el migrante llegaba a su destino en Estados Unidos o Europa, el pasaporte era devuelto físicamente a Ecuador y los funcionarios lo sellaban de nuevo en las oficinas del aeropuerto de Guayaquil, borrando todo rastro. El precio del servicio: entre 5.000 y 10.000 dólares por persona.

Uno de los procesados, identificado como alias Coordinador, habría registrado formalmente salidas y modificado los registros migratorios del sistema para encubrir los movimientos. Desde Italia, según la Policía, uno de los principales investigados coordinaba toda la estructura.

El nexo con los capos. Aquí el caso se vuelve más oscuro. Según la Fiscalía, la red no solo movía migrantes: también habría facilitado el tránsito de cabecillas del crimen organizado. El nombre de alias Marino —Stalin Rolando Olivero Vargas, señalado como líder de Los Lagartos— apareció durante una audiencia judicial vinculado a esta trama. Marino había sido asesinado el 7 de enero de 2026 en una cancha de fútbol de la isla Mocolí, en Samborondón, uno de los sectores residenciales más exclusivos del país y, según fuentes, cerca de la vivienda de un ministro de Gobierno. Diez sicarios disfrazados con uniformes similares a los de la Policía entraron al conjunto y lo ejecutaron junto a dos hombres más mientras jugaba fútbol.

Y alias Cachetón —Suástegui, el asesinado en el aeropuerto— había salido del país al menos seis veces en los últimos dos años. Viajó libremente, con su propio pasaporte, sin ningún impedimento en los controles, a pesar de ser un objetivo de alto valor para el Bloque de Seguridad.

Las preguntas que Ecuador no puede responder. ¿Cómo pasó un objetivo criminal priorizado los controles del aeropuerto seis veces? ¿Cómo lograron dos adolescentes entrar armados a la zona de llegadas internacionales con las armas en peluches? ¿Por qué los sistemas de Migración no cruzaban los nombres de los pasajeros con las bases de datos del Bloque de Seguridad? El analista en seguridad Nelson Yépez fue directo: “Cuando la corrupción logra entrar en puntos sensibles, la respuesta no puede limitarse a capturas. Las entidades de control deben ajustar inmediatamente sus sistemas y perfilar mejor al personal que trabaja en esos puntos.”

Detrás de los sicarios adolescentes que ejecutaron a Cachetón, diversas fuentes apuntan a alias Gordo Candela, alias Motor, Pedro Sánchez y Loco Ovidio como posibles ordenantes. También se señala que, tras la caída de alias Javi —hermano de Fito, el narco extraditado a EE.UU.— algunos Lagartos están migrando a Los Lobos, reorganizando el mapa criminal de Guayas.

El resultado hasta ahora. Cinco detenidos en la operación Gran Fénix 34. Una investigación que lleva al menos nueve meses. Dos adolescentes detenidos por el asesinato en el aeropuerto. El aeropuerto más importante de Ecuador bajo escrutinio internacional. Y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿cuántos capos más salieron y entraron por esos counters sin que nadie los parara?


Guns in stuffed animals, corrupt officials and a cartel boss who traveled freely: Guayaquil’s airport became organized crime’s VIP lane

What looked like a migrant trafficking network turned out to also be the express route through which Ecuador’s cartel bosses entered and left the country. Two teenagers killed a narco boss in arrivals. His name was already in the immigration investigation. Ecuador had nothing under control.

GUAYAQUIL — On Wednesday, June 17, 2026, at six in the evening, Carlos Alberto Suástegui Villanueva stepped off a flight from Central America and walked toward the international arrivals gate of Guayaquil’s José Joaquín de Olmedo International Airport. Someone was waiting with roses. Two others were waiting with guns. He was 39, and according to authorities was the ringleader of Los Águilas in the canton of El Triunfo. A prioritized criminal target. High risk. Four prior arrests, three prior detentions. And a valid passport.

Two fifteen-year-old hitmen shot him at point-blank range. They had hidden the weapons inside stuffed toys to get through security. The airport shut down for two hours. The shooting was captured on camera. The minors were arrested.

And then the real scandal began.

The twist: it wasn’t just migrant trafficking. Two days after the killing, in the early hours of June 19, the Ministry of the Interior launched Operation Gran Fénix 34 alongside the National Police, the Attorney General’s Office and the U.S. Homeland Security Investigations agency (HSI). Seven raids in Guayas and Tungurahua provinces. Five arrests. Among the locations searched: the migration offices inside the José Joaquín de Olmedo Airport itself.

What was being investigated as an illegal migrant trafficking network had taken a radical turn. Prosecutors revealed that the organization wasn’t only smuggling people out of the country on other people’s passports — it was also using the airport’s migration control system to log departures that didn’t match flight manifests. In other words, the airport check-in counters were being used to move cartel bosses.

Interior Minister John Reimberg explained it plainly: the investigation found that active and former migration officials inside the airport were part of a network that traded in Spanish and Ecuadorian passports with U.S. visas to enable identity fraud and send people abroad. Among those detained are current employees and former staff from the airport’s migration department.

How the network worked. The mechanism was surgical. The organization found people with physical features similar to the owners of real passports — both Ecuadorian and European — and handed them those documents to travel. Migration officials didn’t just fail to detect the fraud: they enabled it, stamping the passports so the travelers could board without problems. The most disturbing detail: once the migrant reached their destination in the U.S. or Europe, the passport was physically sent back to Ecuador, and officials would stamp it again at the Guayaquil airport, erasing all trace of what had happened. The going rate: between $5,000 and $10,000 per person.

One of the suspects, known as alias Coordinador, allegedly logged formal departures and modified migration records in the system to cover the operation’s tracks. According to the police, one of the key suspects coordinated the entire structure from Italy.

The cartel connection. This is where the case gets darker. According to prosecutors, the network didn’t only move migrants: it also allegedly facilitated the passage of organized crime bosses through the airport. The name of alias Marino — Stalin Rolando Olivero Vargas, identified as a leader of Los Lagartos — came up during a court hearing in connection with this scheme. Marino had been assassinated on January 7, 2026, on a football pitch in an exclusive residential complex on Isla Mocolí in Samborondón — near, sources say, a government minister’s home. Ten hitmen disguised in uniforms resembling police gear stormed the complex and executed him along with two other men while they played football.

And alias Cachetón — Suástegui, the man killed at the airport — had left the country at least six times in the past two years. He traveled freely, on his own passport, with no obstacles at any checkpoint, despite being flagged as a high-value target by Ecuador’s Security Bloc.

The questions Ecuador can’t answer. How did a prioritized criminal target pass through the airport six times? How did two teenagers get into the international arrivals area with weapons hidden in stuffed toys? Why wasn’t the migration system cross-referencing passenger names against the Security Bloc’s databases? Security analyst Nelson Yépez was blunt: when corruption manages to penetrate sensitive checkpoints, the response cannot be limited to arrests. Control agencies must immediately overhaul their systems and screen the personnel working at those points far more rigorously.

Behind the teenage hitmen who killed Cachetón, multiple sources point to alias Gordo Candela, alias Motor, Pedro Sánchez and Loco Ovidio as possible masterminds. It is also reported that following the fall of alias Javi — the brother of Fito, the narco boss extradited to the U.S. — some members of Los Lagartos are defecting to Los Lobos, reshaping the criminal map of Guayas.

Where things stand. Five arrests in Operation Gran Fénix 34. An investigation at least nine months in the making. Two teenagers detained for the airport killing. Ecuador’s busiest airport under international scrutiny. And a question that remains unanswered: how many more cartel bosses passed through those counters without anyone stopping them?


Armas em pelúcias, funcionários corruptos e um chefão que viajava à vontade: o aeroporto de Guayaquil virou a faixa VIP do crime organizado

O que parecia uma rede de tráfico de migrantes revelou ser também a rota expressa pela qual os chefes do narcotráfico equatoriano entravam e saíam do país. Dois adolescentes mataram um narco no desembarque. O nome dele já aparecia na investigação sobre imigração. O Equador não tinha nada sob controle.

GUAYAQUIL — Na quarta-feira, 17 de junho de 2026, às seis da tarde, Carlos Alberto Suástegui Villanueva desceu de um voo procedente da América Central e se dirigiu ao portão de chegadas internacionais do Aeroporto Internacional José Joaquín de Olmedo, em Guayaquil. Alguém o esperava com rosas. Outros dois o esperavam com armas. Tinha 39 anos e era, segundo as autoridades, o líder dos Águilas no cantão El Triunfo. Alvo criminal prioritário. Alto risco. Quatro antecedentes, três detenções anteriores. E passaporte em dia.

Dois adolescentes de 15 anos o balearam a queima-roupa. Eles haviam escondido as armas dentro de pelúcias para passar pelos controles de segurança. O aeroporto fechou por duas horas. O tiroteio foi registrado pelas câmeras. Os menores foram detidos.

E então começou o verdadeiro escândalo.

A virada: não era só tráfico de migrantes. Dois dias depois do assassinato, na madrugada de 19 de junho, o Ministério do Interior executou a Operação Gran Fénix 34, em conjunto com a Polícia Nacional, a Procuradoria-Geral do Estado e a agência americana Homeland Security Investigations (HSI). Sete buscas e apreensões em Guayas e Tungurahua. Cinco detidos. Entre os locais vasculhados: as próprias instalações de Migração dentro do Aeroporto José Joaquín de Olmedo.

O que se investigava como uma rede de tráfico ilegal de migrantes ganhou um contorno radicalmente diferente. A Procuradoria revelou que a organização não apenas tirava pessoas do país com passaportes alheios: também usava o sistema de controle migratório do aeroporto para registrar saídas que não batiam com os manifestos de voo. Em outras palavras, os balcões de atendimento do aeroporto serviam para movimentar chefões do crime.

O ministro do Interior, John Reimberg, foi direto: a investigação revelou que funcionários ativos e ex-funcionários de Migração dentro do aeroporto faziam parte de uma rede que negociava passaportes espanhóis e equatorianos com vistos americanos para fraudar identidades e enviar pessoas ao exterior. Entre os detidos estão servidores em exercício e ex-funcionários do setor de Migração do aeroporto.

Como a rede operava. O mecanismo era cirúrgico. A organização buscava pessoas com características físicas semelhantes às dos donos de passaportes reais — equatorianos e europeus — e entregava esses documentos para que viajassem. Os funcionários de Migração não apenas deixavam a fraude passar: a facilitavam, carimbando os passaportes para que os viajantes pudessem embarcar sem problemas. O detalhe mais perturbador: assim que o migrante chegava ao destino nos EUA ou na Europa, o passaporte era fisicamente devolvido ao Equador e os funcionários o carimbavam novamente nas instalações do aeroporto de Guayaquil, apagando qualquer rastro. O preço do serviço: entre US$ 5.000 e US$ 10.000 por pessoa.

Um dos investigados, identificado como alias Coordinador, teria registrado formalmente saídas e modificado os registros migratórios no sistema para encobrir as operações. Segundo a Polícia, um dos principais suspeitos coordenava toda a estrutura a partir da Itália.

A conexão com os chefões. É aqui que o caso fica mais sombrio. Segundo a Procuradoria, a rede não movimentava apenas migrantes: também teria facilitado o trânsito de líderes do crime organizado pelo aeroporto. O nome de alias Marino — Stalin Rolando Olivero Vargas, apontado como líder dos Lagartos — surgiu durante uma audiência judicial vinculado a esse esquema. Marino havia sido assassinado em 7 de janeiro de 2026, em uma quadra de futebol de um condomínio de luxo na Ilha Mocolí, em Samborondón — perto, segundo fontes, da residência de um ministro do governo. Dez pistoleiros disfarçados com uniformes semelhantes aos da Polícia invadiram o condomínio e o executaram junto com dois outros homens enquanto jogavam bola.

E alias Cachetón — Suástegui, o assassinado no aeroporto — havia saído do país pelo menos seis vezes nos últimos dois anos. Viajou livremente, com seu próprio passaporte, sem nenhum impedimento nos controles, apesar de ser considerado um alvo prioritário pelo Bloco de Segurança do Equador.

As perguntas que o Equador não consegue responder. Como um alvo criminal prioritário passou pelos controles do aeroporto seis vezes? Como dois adolescentes conseguiram entrar na área de chegadas internacionais com armas escondidas em pelúcias? Por que o sistema de Migração não cruzava os nomes dos passageiros com as bases de dados do Bloco de Segurança? O analista de segurança Nelson Yépez foi contundente: quando a corrupção consegue penetrar em pontos sensíveis, a resposta não pode se limitar a prisões. As entidades de controle precisam reformular imediatamente seus sistemas e fazer uma triagem muito mais rigorosa do pessoal que trabalha nesses pontos.

Por trás dos pistoleiros adolescentes que mataram Cachetón, diversas fontes apontam alias Gordo Candela, alias Motor, Pedro Sánchez e Loco Ovidio como possíveis mandantes. Também se reporta que, após a queda de alias Javi — irmão de Fito, o narcotraficante extraditado para os EUA —, alguns integrantes dos Lagartos estão migrando para os Lobos, redesenhando o mapa criminal de Guayas.

O que se sabe até agora. Cinco detidos na Operação Gran Fénix 34. Uma investigação com pelo menos nove meses de duração. Dois adolescentes presos pelo assassinato no aeroporto. O aeroporto mais movimentado do Equador sob escrutínio internacional. E uma pergunta que permanece sem resposta: quantos outros chefões do crime passaram por esses balcões sem que ninguém os parasse?

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