El leñador progresista que nunca buscó ser senador: quién es Troy Jackson, el hombre que recogió los pedazos del desastre demócrata en Maine

El leñador progresista que nunca buscó ser senador: quién es Troy Jackson, el hombre que recogió los pedazos del desastre demócrata en Maine

Graham Platner, el candidato estrella que sobrevivió un tatuaje nazi y escándalos de sexting, cayó finalmente por una acusación de violación. En su lugar, los demócratas eligieron casi por unanimidad a un leñador de quinta generación, aliado de Bernie Sanders, que en el año 2000 se presentó a las elecciones como republicano. Y ahora tiene cuatro meses para derrotar a Susan Collins — la senadora más difícil de vencer en EE.UU.

BANGOR, MAINE — El sábado 25 de julio de 2026, en una convención organizada de urgencia en Bangor, el Partido Demócrata de Maine eligió casi por unanimidad a Troy Jackson como su nuevo candidato al Senado de EE.UU. La escena habría sido impensable hace un mes. Y para entenderla hay que retroceder hasta el principio de uno de los capítulos más caóticos de la política estadounidense reciente.

El candidato que explotó. Graham Platner parecía el sueño de los demócratas: veterano de los Marines con misiones en Irak y Afganistán, ostricultor en la costa de Maine, outsider sin vínculos con la política profesional, populista genuino con carisma y apoyo de Bernie Sanders. Ganó las primarias demócratas del 9 de junio de 2026 con un mensaje de clase trabajadora frente a las élites que le dio reconocimiento nacional.

Pero los problemas venían de antes. En octubre de 2025, los medios desenterraron un tatuaje en su pecho: una calavera con tibias cruzadas idéntica al símbolo Totenkopf usado por las SS nazis en los campos de concentración. Platner dijo que lo hizo en 2007, borracho de permiso en Croacia, sin saber su significado. Lo tapó con otro tatuaje. Luego salieron a la luz más de 2.000 publicaciones suyas en Reddit que incluían comentarios que minimizaban las violaciones en el ejército, insultos homófobos y alusiones a la violencia política. Tres de sus asesores de campaña renunciaron. Tres exnovias lo acusaron de maltrato físico. Se reveló que había enviado mensajes sexuales explícitos a varias mujeres mientras estaba casado.

Los demócratas aguantaron todo eso. Lo que no pudieron aguantar fue lo que llegó el 6 de julio: Jenny Racicot, una expareja que vivió con Platner, relató a Politico y a CNN que en 2021 él entró borracho en su casa sin ser invitado y la violó a pesar de sus protestas. “Le dije que parara y no paró”, dijo Racicot. Platner negó la acusación rotundamente. Pero en 48 horas, Chuck Schumer y Kirsten Gillibrand — los líderes del partido en el Senado — exigieron en un comunicado conjunto que se retirara “de inmediato”. El Comité Senatorial Demócrata anunció que no invertiría en su campaña si seguía en la carrera.

El 8 de julio, Platner publicó un vídeo en redes sociales. “Creemos que para que el movimiento continúe, no puede ser yo”, dijo, mientras negaba que la retirada fuera una admisión de culpabilidad. “No lo hacemos por las acusaciones. Lo hacemos por las estructuras que nos están arrebatando quienes están en el poder.”

Lo había dicho la semana justa antes de que venciera el plazo legal para que el partido pudiera nominar a otro candidato.

El hombre que llegó a recoger los pedazos. Troy Jackson, de 58 años, es todo lo que Platner pretendía ser pero construido durante décadas, no inventado en una campaña. Hijo y nieto y bisnieto y tataranieto de leñadores del norte de Maine, nació y creció en Allagash, una pequeña localidad cerca de la frontera canadiense con unos 270 habitantes. Se graduó como salutatoriano de su instituto en 1986. Trabajó como leñador profesional durante años.

Su entrada en la política no fue de manual. En 1998, se involucró en una protesta de alto perfil — bloqueando con camionetas una carretera fronteriza con Canadá para denunciar la contratación ilegal de trabajadores canadienses en detrimento de los leñadores de Maine. En el año 2000 se presentó a su primera elección a la Cámara Baja estatal como republicano. Perdió. Volvió como demócrata en 2002 y ganó. Desde entonces, no ha parado.

Ha ocupado escaño en la Cámara y el Senado estatales durante más de 20 años. Fue líder de la mayoría, líder de la minoría y finalmente presidente del Senado de Maine, cargo que ocupó de 2018 a 2024 — seis años presidiendo la cámara alta del estado. En 2016 dirigió la campaña de Bernie Sanders en Maine y le ayudó a ganar el caucus estatal. En 2026 se presentó a la candidatura demócrata a gobernador — y perdió en las primarias, lo que técnicamente lo dejaba disponible para este momento.

No siempre fue el progresista que es hoy. A principios de su carrera se opuso al matrimonio igualitario — votó contra su legalización en Maine en 2009 — y era contrario al aborto. Ha cambiado ambas posiciones. Ahora defiende la federalización del derecho al aborto y legislación federal de derechos civiles para la comunidad LGBTQ.

Lo que defiende. El programa de Jackson es prácticamente idéntico al de Platner — de ahí la relativa facilidad del traspaso. Medicare para Todos, derechos sindicales, economía de clase trabajadora. Pero también posiciones que lo sitúan en la vanguardia progresista: pide la abolición del ICE — especialmente relevante en Maine, donde un conductor fue asesinado recientemente en un incidente relacionado con operativos de inmigración en Biddeford —, y exige el fin de la ayuda militar estadounidense a Israel. No acepta dinero de PACs corporativos ni de donantes multimillonarios.

En la convención del sábado, los delegados de Jackson se impusieron con más del 90% de los votos. La elección fue, en la práctica, unánime.

La carrera que podría cambiar el Senado. El contexto es crucial. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos para recuperar el control del Senado, actualmente en manos republicanas. Maine es uno de los estados donde ven más posibilidades. Susan Collins, de 73 años, lleva 30 años en el Senado — elegida por primera vez en 1996 — y es una de las senadoras más conocidas e independientes del partido republicano, famosa por cruzar el pasillo para votar con los demócratas en ocasiones puntuales.

Varios sondeos daban a Platner ganando a Collins antes del escándalo. Jackson tiene un perfil diferente: menos mediático, más conocido dentro de Maine que fuera, con un historial legislativo extenso pero sin el factor sorpresa que hizo famoso a Platner. Tiene menos de cuatro meses para construir una campaña que Platner llevaba más de un año desarrollando, y con menos dinero recaudado.

A su favor: el norte rural de Maine — donde vive y donde los demócratas normalmente no ganan — lo conoce desde hace décadas. Ha ganado allí elecciones en un distrito donde también ganaron Collins y Trump. Y la energía que Platner generó en las bases progresistas del estado sigue intacta: el propio partido dijo que espera “canalizar ese entusiasmo” hacia Jackson.

Maine eligió a su candidato en una convención de urgencia. Ahora empieza la carrera real.


The progressive lumberjack who never planned to run for Senate: who is Troy Jackson, the man who picked up the pieces of Maine’s Democratic disaster

Graham Platner — the star candidate who survived a Nazi tattoo and a sexting scandal — finally fell over a rape allegation. In his place, Democrats chose almost unanimously a fifth-generation logger and Bernie Sanders ally who ran for office as a Republican in 2000. And now he has four months to beat Susan Collins — the hardest-to-defeat senator in America.

BANGOR, MAINE — On Saturday July 25, 2026, at an emergency convention in Bangor, Maine’s Democratic Party chose Troy Jackson almost unanimously as its new U.S. Senate candidate. The scene would have been unthinkable a month ago. To understand it, you have to go back to the beginning of one of the most chaotic chapters in recent American politics.

The candidate who imploded. Graham Platner looked like Democrats’ dream recruit: a Marine veteran who served in Iraq and Afghanistan, an oyster farmer on Maine’s coast, a political outsider with no ties to professional politics, a genuine populist with charisma and Bernie Sanders’ backing. He won the Democratic primary on June 9, 2026, with a working-class-versus-elites message that gave him national recognition.

But the problems had been piling up since before. In October 2025, media unearthed a tattoo on his chest — a skull and crossbones identical to the Totenkopf symbol used by the Nazi SS in concentration camps. Platner said he got it in 2007, drunk on leave in Croatia with fellow Marines, unaware of its meaning. He covered it with another tattoo. Then over 2,000 of his Reddit posts surfaced, including comments minimizing rape in the military, homophobic slurs and references to political violence. Three campaign staffers resigned. Three ex-girlfriends accused him of physical abuse. Reports emerged that he had sent sexually explicit messages to multiple women while married.

Democrats held on through all of that. What they couldn’t survive came on July 6: Jenny Racicot, a former partner, told Politico and CNN that in 2021 Platner had entered her home drunk and uninvited and raped her despite her protests. Platner denied the allegation categorically. But within 48 hours, Chuck Schumer and Kirsten Gillibrand — the party’s Senate leaders — issued a joint statement demanding he withdraw “immediately.” The Democratic Senatorial Campaign Committee announced it would not invest in his race if he remained.

On July 8, Platner posted a video. “We believe that for the movement to continue, it can’t be me,” he said, denying that the withdrawal was an admission of guilt. He withdrew exactly one week before the legal deadline for the party to nominate a replacement.

The man who came to pick up the pieces. Troy Jackson, 58, is everything Platner claimed to be — but built over decades, not invented in a campaign. The son, grandson, great-grandson and great-great-grandson of northern Maine loggers, he was born and raised in Allagash, a small community near the Canadian border with around 270 residents. He graduated salutatorian from his high school in 1986. He worked as a professional logger for years.

His entry into politics wasn’t by the book. In 1998 he became involved in a high-profile protest — using pickup trucks to block a border road to Canada to denounce the illegal hiring of Canadian workers over Maine loggers. In 2000, he ran for his first seat in the state House of Representatives — as a Republican. He lost. He came back as a Democrat in 2002 and won. He hasn’t stopped since.

He has held seats in the state House and Senate for over 20 years. He served as majority leader, minority leader and finally president of the Maine Senate — a position he held from 2018 to 2024. In 2016 he led Bernie Sanders’ campaign in Maine and helped him win the state caucus. In 2026 he ran for the Democratic gubernatorial nomination and lost in the primary — which technically left him available for this moment.

He wasn’t always the progressive he is today. Early in his career he opposed same-sex marriage — voting against its legalization in Maine in 2009 — and opposed abortion rights. He has since changed both positions. He now advocates for federalizing abortion rights and federal civil rights legislation for LGBTQ Americans.

What he stands for. Jackson’s platform is nearly identical to Platner’s — which is why the handoff went relatively smoothly. Medicare for All, union rights, working-class economics. But also positions that place him at the progressive vanguard: he’s calling for the abolition of ICE — especially resonant in Maine, where a driver was recently killed in an incident connected to immigration operations in Biddeford — and demands an end to U.S. military aid to Israel. He accepts no corporate PAC money or billionaire donations.

At Saturday’s convention, Jackson’s delegates won over 90% of the slots. The vote was, in practice, unanimous.

The race that could flip the Senate. The context is critical. Democrats need to net four seats to reclaim Senate control, currently held by Republicans. Maine is one of the states where they see their best chances. Susan Collins, 73, has been in the Senate for 30 years — first elected in 1996 — and is one of the chamber’s most recognizable and independent Republican senators, known for occasionally crossing the aisle to vote with Democrats.

Multiple polls showed Platner beating Collins before the scandal. Jackson presents a different profile: less nationally prominent, better known inside Maine than outside, with an extensive legislative record but without the disruptor factor that made Platner famous. He has less than four months to build a campaign that Platner had been running for over a year, and with less money raised.

In his favor: rural northern Maine — where he lives and where Democrats don’t normally win — has known him for decades. He has won there in a district that also went for both Collins and Trump. And the energy Platner generated among the state’s progressive base remains intact: the party itself said it looks forward to “harnessing that enthusiasm” behind Jackson.

Maine picked its candidate at an emergency convention. Now the real race begins.


O lenhador progressista que nunca planejou ser senador: quem é Troy Jackson, o homem que recolheu os cacos do desastre democrata no Maine

Graham Platner — o candidato estrela que sobreviveu a uma tatuagem nazista e a um escândalo de sexting — caiu por uma acusação de estupro. Em seu lugar, os democratas escolheram quase por unanimidade um lenhador de quinta geração, aliado de Bernie Sanders, que em 2000 concorreu a cargos públicos como republicano. E agora tem quatro meses para derrotar Susan Collins — a senadora mais difícil de vencer nos EUA.

BANGOR, MAINE — No sábado, 25 de julho de 2026, em uma convenção organizada às pressas em Bangor, o Partido Democrata do Maine escolheu Troy Jackson quase por unanimidade como seu novo candidato ao Senado dos EUA. A cena seria impensável um mês atrás. Para entendê-la, é preciso voltar ao início de um dos capítulos mais caóticos da política americana recente.

O candidato que implodiu. Graham Platner parecia o sonho dos democratas: veterano dos Marines com missões no Iraque e no Afeganistão, ostreicultor no litoral do Maine, outsider sem vínculos com a política profissional, populista genuíno com carisma e apoio de Bernie Sanders. Venceu as primárias democratas em 9 de junho de 2026 com uma mensagem de classe trabalhadora versus elites que lhe rendeu reconhecimento nacional.

Mas os problemas vinham de antes. Em outubro de 2025, a mídia desenterrou uma tatuagem em seu peito — uma caveira com tíbias cruzadas idêntica ao símbolo Totenkopf usado pelas SS nazistas nos campos de concentração. Platner disse que a fez em 2007, bêbado de licença na Croácia com colegas fuzileiros navais, sem saber seu significado. Cobriu-a com outra tatuagem. Depois vieram à tona mais de 2.000 publicações suas no Reddit com comentários que minimizavam estupros no Exército, insultos homofóbicos e alusões a violência política. Três assessores da campanha renunciaram. Três ex-namoradas o acusaram de agressão física. Surgiram relatos de que havia enviado mensagens sexualmente explícitas a várias mulheres enquanto era casado.

Os democratas aguentaram tudo isso. O que não conseguiram aguentar chegou em 6 de julho: Jenny Racicot, uma ex-parceira, relatou ao Politico e à CNN que em 2021 Platner entrou bêbado em sua casa sem ser convidado e a estuprou apesar de seus protestos. Platner negou categoricamente a acusação. Mas em 48 horas, Chuck Schumer e Kirsten Gillibrand — os líderes do partido no Senado — emitiram uma nota conjunta exigindo que ele se retirasse “imediatamente.” O Comitê Senatorial Democrata anunciou que não investiria em sua campanha se ele permanecesse.

Em 8 de julho, Platner postou um vídeo. “Acreditamos que para o movimento continuar, não pode ser eu”, disse, negando que a retirada fosse uma admissão de culpa. Ele se retirou exatamente uma semana antes do prazo legal para o partido nomear um substituto.

O homem que veio recolher os cacos. Troy Jackson, de 58 anos, é tudo o que Platner afirmava ser — mas construído ao longo de décadas, não inventado em uma campanha. Filho, neto, bisneto e tataraneto de lenhadores do norte do Maine, nasceu e cresceu em Allagash, uma pequena localidade perto da fronteira canadense com cerca de 270 habitantes. Formou-se como segundo melhor aluno de sua turma em 1986. Trabalhou como lenhador profissional por anos.

Sua entrada na política não foi convencional. Em 1998 envolveu-se em um protesto de alto perfil — usando caminhonetes para bloquear uma estrada na fronteira com o Canadá para denunciar a contratação ilegal de trabalhadores canadenses em detrimento dos lenhadores do Maine. Em 2000, concorreu a sua primeira vaga na Câmara estadual — como republicano. Perdeu. Voltou como democrata em 2002 e venceu. Desde então não parou.

Ocupou cadeiras na Câmara e no Senado estaduais por mais de 20 anos. Foi líder da maioria, líder da minoria e, finalmente, presidente do Senado do Maine — cargo que exerceu de 2018 a 2024. Em 2016 dirigiu a campanha de Bernie Sanders no Maine e o ajudou a vencer o caucus estadual. Em 2026 concorreu à candidatura democrata ao governo do estado e perdeu nas primárias — o que tecnicamente o deixou disponível para este momento.

Nem sempre foi o progressista que é hoje. No início de sua carreira opôs-se ao casamento igualitário — votando contra sua legalização no Maine em 2009 — e era contrário ao aborto. Mudou ambas as posições. Agora defende a federalização do direito ao aborto e legislação federal de direitos civis para a comunidade LGBTQ.

O que defende. O programa de Jackson é praticamente idêntico ao de Platner — daí a relativa facilidade da transição. Medicare para Todos, direitos sindicais, economia da classe trabalhadora. Mas também posições que o colocam na vanguarda progressista: pede a abolição do ICE — especialmente relevante no Maine, onde um motorista foi recentemente morto em um incidente relacionado a operações de imigração em Biddeford — e exige o fim da ajuda militar americana a Israel. Não aceita dinheiro de PACs corporativos nem de doadores bilionários.

Na convenção de sábado, os delegados de Jackson conquistaram mais de 90% das vagas. A eleição foi, na prática, unânime.

A disputa que pode mudar o Senado. O contexto é crucial. Os democratas precisam ganhar quatro cadeiras líquidas para recuperar o controle do Senado, atualmente nas mãos republicanas. O Maine é um dos estados onde veem suas melhores chances. Susan Collins, de 73 anos, está no Senado há 30 anos — eleita pela primeira vez em 1996 — e é uma das senadoras mais conhecidas e independentes do partido republicano, famosa por cruzar o corredor para votar com os democratas em ocasiões pontuais.

Várias pesquisas mostravam Platner vencendo Collins antes do escândalo. Jackson apresenta um perfil diferente: menos conhecido nacionalmente, mais reconhecido dentro do Maine do que fora, com um extenso histórico legislativo mas sem o fator disruptor que tornou Platner famoso. Tem menos de quatro meses para construir uma campanha que Platner vinha desenvolvendo há mais de um ano, e com menos dinheiro arrecadado.

A seu favor: o norte rural do Maine — onde vive e onde os democratas normalmente não vencem — o conhece há décadas. Ele venceu lá em um distrito que também foi para Collins e para Trump. E a energia que Platner gerou nas bases progressistas do estado permanece intacta: o próprio partido disse que espera “canalizar esse entusiasmo” em torno de Jackson.

O Maine escolheu seu candidato em uma convenção de emergência. Agora começa a corrida de verdade.

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