“Creo que al animal de ese país lo tratan mejor que a uno”: 138 ecuatorianos aterrizaron en Guayaquil deportados — el mismo día que Rubio firmó con Noboa el nuevo acuerdo de extradición
Jorge vivió nueve años en EE.UU. y no quiere volver. Su madre lo abraza llorando y dice que le falta un hijo — el otro sigue detenido. El vuelo chárter con escala en El Salvador trajo deportados de Luisiana, Nueva York y Massachusetts: de Manabí, El Oro, Cañar, Chimborazo y Morona Santiago. Algunos dejaron cónyuge e hijos en EE.UU. El mismo 9 de septiembre, en Quito, Rubio y Noboa firmaban el preacuerdo para el nuevo tratado de extradición.
GUAYAQUIL — La mañana del martes 9 de septiembre de 2026, mientras en el Palacio de Carondelet en Quito el secretario de Estado Marco Rubio recibía la Orden Nacional al Mérito de manos del presidente Daniel Noboa y ambos anunciaban el preacuerdo para un nuevo tratado de extradición Ecuador-EE.UU., en el Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo de Guayaquil aterrizaba un vuelo chárter con escala en El Salvador. A bordo: 138 ecuatorianos deportados desde Estados Unidos.
El reencuentro con sus familias en el aeropuerto estuvo marcado por lágrimas. No todas de alegría.
Jorge lleva nueve años en EE.UU. Mientras sus padres lo abrazan entre llantos, repite dos frases. La primera: “No quisiera volver a ese país, muy malo.” La segunda, más corta y más devastadora: “Creo que al animal de ese país lo tratan mejor que a uno.”
No dio más detalles sobre lo que vivió bajo custodia. No hizo falta.
Quiénes son y de dónde vienen. Los 138 deportados fueron detenidos por agentes del ICE en distintos estados: Luisiana, Nueva York y Massachusetts, entre otros. Algunos permanecieron meses bajo custodia antes de que llegara su vuelo de retorno. Proceden de varias provincias: Manabí, El Oro, Cañar, Chimborazo, Morona Santiago y otras.
Entre los retornados hay personas que fueron detenidas tras cruzar la frontera irregularmente en fechas recientes. Pero también hay personas que llevaban años en el país — como Jorge, con nueve años de residencia — y fueron detenidos en los operativos masivos que el ICE ha llevado adelante en 2026, año en que la agencia batió su récord histórico de arrestos con 51.000 solo en agosto.
Los que no volvieron. Varios deportados dejaron a sus cónyuges e hijos en Estados Unidos. No pudieron traerlos. La madre de Jorge lo abraza aliviada pero incompleta. Tiene dos hijos que estaban detenidos en EE.UU. Solo uno volvió en este vuelo. “Son dos hijos que yo tengo detenidos, me falta uno”, dijo, sin soltar a Jorge. No dio más detalles.
Esa madre no está sola. En el aeropuerto de Guayaquil, el 9 de septiembre de 2026, había muchas familias así: aliviadas de ver a alguien, con el corazón partido por los que no llegaron.
El contexto del día. En Ecuador, las deportaciones desde EE.UU. no son novedad. En 2023, llegaron 18.499 ecuatorianos deportados. En 2024, 13.589. En el primer trimestre de 2025, más de 2.000 solo en esos tres meses. Y en 2025, el consulado ecuatoriano en Queens reportó 9.351 casos de ecuatorianos deportados. Los vuelos llegan dos o tres veces por semana a Guayaquil y son parte del mecanismo de cooperación bilateral que Ecuador y EE.UU. tienen en vigor desde 2005.
Lo que cambió en 2026 no es el mecanismo. Es la escala. Y el tono. El mismo día en que 138 ecuatorianos aterrizaban deportados en Guayaquil, el gobierno de Noboa y el gobierno de Trump firmaban en Quito el preacuerdo para un tratado de extradición nuevo, más amplio, diseñado para facilitar que ciudadanos ecuatorianos acusados de crímenes en EE.UU. sean enviados en la dirección contraria. Dos vuelos. Dos direcciones. El mismo acuerdo bilateral.
Jorge no quiere volver. Su madre tiene un hijo que todavía no llegó. Y en el Carondelet, los presidentes sonreían para las cámaras.
“I think they treat animals in that country better than people”: 138 Ecuadorians landed in Guayaquil deported — the same day Rubio and Noboa signed the new extradition agreement
Jorge lived nine years in the U.S. and doesn’t want to go back. His mother holds him crying and says she is missing a son — the other is still detained. The charter flight with a stopover in El Salvador brought deportees from Louisiana, New York and Massachusetts: from Manabí, El Oro, Cañar, Chimborazo and Morona Santiago. Several left spouses and children in the U.S. The same September 9, in Quito, Rubio and Noboa were signing the pre-agreement for the new extradition treaty.
GUAYAQUIL — On the morning of Tuesday, September 9, 2026, while at the Carondelet Palace in Quito Secretary of State Marco Rubio received the National Order of Merit from President Daniel Noboa and both announced a pre-agreement for a new Ecuador-U.S. extradition treaty, a charter flight with a stopover in El Salvador was landing at José Joaquín de Olmedo International Airport in Guayaquil. On board: 138 Ecuadorians deported from the United States.
The reunions with their families at the airport were marked by tears. Not all of joy.
Jorge spent nine years in the U.S. While his parents embrace him in tears, he repeats two phrases. The first: “I would not want to go back to that country, very bad.” The second, shorter and more devastating: “I think they treat animals in that country better than people.”
He gave no further details about what he experienced in custody. He didn’t need to.
Who they are and where they’re from. The 138 deportees were arrested by ICE agents in various states: Louisiana, New York and Massachusetts, among others. Some spent months in custody before their return flight arrived. They come from several provinces: Manabí, El Oro, Cañar, Chimborazo, Morona Santiago and others.
Among those returned are people detained after recently crossing the border irregularly. But there are also people who had lived in the country for years — like Jorge, with nine years of residence — arrested in the mass operations ICE has conducted in 2026, a year the agency broke its all-time arrest record with 51,000 in August alone.
Those who didn’t come back. Several deportees left spouses and children in the United States. They couldn’t bring them. Jorge’s mother holds him relieved but incomplete. She has two sons who were detained in the U.S. Only one came back on this flight. “I have two sons detained, I’m missing one,” she said, not letting go of Jorge. She gave no further details.
That mother is not alone. At Guayaquil airport on September 9, 2026, there were many families like hers: relieved to see someone, heartbroken over those who didn’t arrive.
The context of the day. In Ecuador, deportations from the U.S. are nothing new. In 2023, 18,499 Ecuadorians were deported. In 2024, 13,589. In the first quarter of 2025, over 2,000 in just those three months. And in 2025, the Ecuadorian consulate in Queens reported 9,351 cases of Ecuadorians deported. Flights arrive two or three times a week in Guayaquil and are part of the bilateral cooperation mechanism Ecuador and the U.S. have had in force since 2005.
What changed in 2026 is not the mechanism. It’s the scale. And the tone. The same day 138 Ecuadorians landed deported in Guayaquil, the Noboa and Trump governments were signing in Quito the pre-agreement for a new, broader extradition treaty designed to make it easier for Ecuadorian nationals accused of crimes in the U.S. to be sent in the other direction. Two flights. Two directions. The same bilateral agreement.
Jorge doesn’t want to go back. His mother has a son who still hasn’t arrived. And at the Carondelet, the presidents smiled for the cameras.
“Acho que tratam os animais desse país melhor do que a gente”: 138 equatorianos pousaram em Guayaquil deportados — no mesmo dia em que Rubio e Noboa assinaram o novo acordo de extradição
Jorge viveu nove anos nos EUA e não quer voltar. Sua mãe o abraça chorando e diz que está faltando um filho — o outro ainda está detido. O voo charter com escala em El Salvador trouxe deportados da Louisiana, Nova York e Massachusetts: de Manabí, El Oro, Cañar, Chimborazo e Morona Santiago. Vários deixaram cônjuges e filhos nos EUA. No mesmo 9 de setembro, em Quito, Rubio e Noboa assinavam o pré-acordo para o novo tratado de extradição.
GUAYAQUIL — Na manhã de terça-feira, 9 de setembro de 2026, enquanto no Palácio de Carondelet, em Quito, o secretário de Estado Marco Rubio recebia a Ordem Nacional ao Mérito das mãos do presidente Daniel Noboa e ambos anunciavam o pré-acordo para um novo tratado de extradição Equador-EUA, um voo charter com escala em El Salvador pousava no Aeroporto Internacional José Joaquín de Olmedo, em Guayaquil. A bordo: 138 equatorianos deportados dos Estados Unidos.
O reencontro com suas famílias no aeroporto foi marcado por lágrimas. Nem todas de alegria.
Jorge passou nove anos nos EUA. Enquanto seus pais o abraçam entre choros, repete duas frases. A primeira: “Não gostaria de voltar àquele país, muito ruim.” A segunda, mais curta e mais devastadora: “Acho que tratam os animais desse país melhor do que a gente.”
Não deu mais detalhes sobre o que viveu sob custódia. Não foi preciso.
Quem são e de onde vêm. Os 138 deportados foram presos por agentes do ICE em vários estados: Louisiana, Nova York e Massachusetts, entre outros. Alguns permaneceram meses sob custódia antes de seu voo de retorno. Vêm de várias províncias: Manabí, El Oro, Cañar, Chimborazo, Morona Santiago e outras.
Entre os retornados há pessoas detidas após cruzar a fronteira irregularmente recentemente. Mas há também pessoas que viviam no país há anos — como Jorge, com nove anos de residência — presas nas operações em massa que o ICE realizou em 2026, ano em que a agência bateu seu recorde histórico de prisões com 51.000 só em agosto.
Os que não voltaram. Vários deportados deixaram cônjuges e filhos nos Estados Unidos. Não puderam trazê-los. A mãe de Jorge o abraça aliviada, mas incompleta. Tem dois filhos que estavam detidos nos EUA. Apenas um voltou neste voo. “Tenho dois filhos detidos, está faltando um”, disse, sem soltar Jorge. Não deu mais detalhes.
Essa mãe não está sozinha. No aeroporto de Guayaquil, em 9 de setembro de 2026, havia muitas famílias assim: aliviadas de ver alguém, com o coração partido pelos que não chegaram.
O contexto do dia. No Equador, as deportações dos EUA não são novidade. Em 2023, chegaram 18.499 equatorianos deportados. Em 2024, 13.589. No primeiro trimestre de 2025, mais de 2.000 só nesses três meses. E em 2025, o consulado equatoriano em Queens reportou 9.351 casos de equatorianos deportados. Os voos chegam duas ou três vezes por semana a Guayaquil e fazem parte do mecanismo de cooperação bilateral que o Equador e os EUA têm em vigor desde 2005.
O que mudou em 2026 não é o mecanismo. É a escala. E o tom. No mesmo dia em que 138 equatorianos pousavam deportados em Guayaquil, os governos de Noboa e Trump assinavam em Quito o pré-acordo para um novo tratado de extradição mais amplo, projetado para facilitar que cidadãos equatorianos acusados de crimes nos EUA sejam enviados na direção contrária. Dois voos. Duas direções. O mesmo acordo bilateral.
Jorge não quer voltar. Sua mãe tem um filho que ainda não chegou. E no Carondelet, os presidentes sorriam para as câmeras.