Le dijeron “no es nada de eso” mientras le hacían firmar sus papeles de deportación: un juez federal llama “coerción” a lo que el ICE hizo en Oakland con un joven de 20 años sin antecedentes
Cornelius Kaihau Holani, neozelandés de etnia tongana, llegó legalmente a EE.UU. con 17 años, cuida a su abuela y enseña danza tongana en su iglesia de Seattle. El ICE lo detuvo en el aeropuerto de Oakland el 31 de julio, lo encadenó, lo llevó a una oficina en San Francisco, y le hizo firmar un documento diciéndole que no tenía nada que ver con su deportación. Era exactamente eso. Un juez lo liberó y fijó audiencia para el 13 de agosto.
OAKLAND / SAN FRANCISCO, CALIFORNIA — El 31 de julio de 2026, Cornelius Kaihau Holani, de 20 años, ciudadano de Nueva Zelanda de etnia tongana, esperaba en el aeropuerto de Oakland para abordar un vuelo doméstico a Seattle. Cuatro agentes del ICE de civil se acercaron, lo esposaron y lo trasladaron a una oficina del ICE en el 630 de la calle Sansome, en San Francisco. Allí le presentaron un documento y le ordenaron firmarlo.
Holani preguntó si el documento tenía algo que ver con su deportación.
Un agente le dijo que no. Que era “nada de eso.”
Firmó. Lo que firmó era, exactamente, un documento mediante el cual el gobierno sostenía que había renunciado a su derecho a impugnar su deportación.
El martes 5 de agosto, la jueza federal del Distrito Norte de California Noël Wise, nombrada por Biden, emitió una orden de tres páginas. La conclusión: el ICE “coaccionó” a Holani para que firmara ese documento. Ordenó su liberación antes de las 11 de la noche del 4 de agosto, prohibió a las autoridades federales volver a detenerlo o expulsarlo del país hasta que se celebre una audiencia, y fijó esa audiencia para el 13 de agosto.
Quién es Cornelius Holani. Holani fue admitido legalmente en Estados Unidos en julio de 2023, cuando tenía 17 años, bajo el Programa de Exención de Visado — el programa que permite a ciudadanos de países participantes como Nueva Zelanda entrar sin visa por hasta 90 días para turismo o negocios. Permaneció en el país más allá de ese plazo. No tiene antecedentes penales. No tiene historial de aplicación de la ley de inmigración. Su madre tiene tarjeta verde. Su padrastro es ciudadano americano. Vive en Seattle, cuida a su abuela de avanzada edad y enseña voluntariamente danza tradicional tongana en su iglesia.
El DHS emitió un comunicado a Newsweek encuadrando el caso de otra manera: “El 31 de julio, el ICE arrestó a Cornelius Kaihau Holani, un extranjero ilegal de Nueva Zelanda. Entró al país el 13 de julio de 2023 con una visa que le permitía permanecer hasta el 10 de octubre de 2023. En violación de las leyes de nuestra nación, se quedó más tiempo del permitido.”
El DHS no mencionó al agente que le dijo que el documento “no era nada de eso.”
Lo que la jueza encontró. La jueza Wise determinó que Holani había demostrado una “alta probabilidad” de tener derecho a una audiencia ante un juez de inmigración antes de ser detenido. Concluyó que mantenerlo detenido le causaría un “daño irreparable.” Y encontró que el balance de factores favorecía al joven.
El documento que el ICE usó para argumentar que Holani había renunciado a sus derechos de impugnación fue obtenido mediante una representación falsa por parte de un oficial del gobierno. En el lenguaje jurídico, eso se llama coerción. En el lenguaje cotidiano, se llama engaño.
El patrón de Oakland. El aeropuerto de Oakland no aparece aquí por primera vez. El mismo aeropuerto fue escenario del caso de Chantal Morales Rojas, la ecuatoriana de 27 años a quien el ICE interceptó en el puente de embarque el 20 de julio de 2026 antes de que pudiera abordar un vuelo de Southwest a Oakland. El mecanismo en ambos casos: datos de pasajeros compartidos por la TSA con el ICE que permiten localizar a los objetivos antes de que aborden el avión. La diferencia: en el caso de Chantal, el DHS dice que tenía una orden de deportación desde 2019. En el caso de Holani, la única “infracción” es haber permanecido más allá del plazo de su visa — y el documento que el gobierno usó para bloquear sus derechos lo firmó creyendo que no tenía nada que ver con su deportación.
El contexto más amplio. Los tribunales federales llevan meses frenando operaciones del ICE que encuentran violatorias del debido proceso. En junio de 2026, un juez federal ordenó al DHS devolver a un migrante deportado a Honduras sin que se le diera la oportunidad de impugnar su expulsión. En julio, el juez Gorton en Boston bloqueó la cancelación de permisos de trabajo de titulares de TPS de El Salvador, Sudán y Ucrania. La administración Trump ha respondido calificando a los jueces que frenan sus operaciones de “activistas” que “interfieren inapropiadamente.”
La audiencia del caso Holani está programada para el 13 de agosto. Hasta entonces, Cornelius Holani está libre, en Seattle, con su abuela y sus clases de danza. El ICE dice que violó la ley. Un juez federal dice que el ICE lo engañó.
They told him “it’s nothing like that” while making him sign his deportation papers: a federal judge calls what ICE did in Oakland to a 20-year-old with no record “coercion”
Cornelius Kaihau Holani, a New Zealander of Tongan ethnicity, arrived in the U.S. legally at 17, cares for his grandmother and teaches Tongan dance at his Seattle church. ICE detained him at Oakland airport on July 31, handcuffed him, took him to a San Francisco office, and made him sign a document telling him it had nothing to do with his deportation. It was exactly that. A judge freed him and scheduled a hearing for August 13.
OAKLAND / SAN FRANCISCO, CALIFORNIA — On July 31, 2026, Cornelius Kaihau Holani, 20, a New Zealand citizen of Tongan ethnicity, was waiting at Oakland Airport to board a domestic flight to Seattle. Four plainclothes ICE agents approached him, handcuffed him and transported him to an ICE office at 630 Sansome Street in San Francisco. There they presented him with a document and told him to sign it.
Holani asked if the document had anything to do with his deportation.
An agent told him no. That it was “nothing like that.”
He signed. What he signed was a document through which the government would later argue he had waived his right to challenge his removal from the United States.
On Tuesday August 5, U.S. District Judge Noël Wise of the Northern District of California — a Biden appointee — issued a three-page order. Her finding: ICE “coerced” Holani into signing the document. She ordered his release by 11 p.m. on August 4, barred federal authorities from re-detaining or removing him until a hearing is held, and scheduled that hearing for August 13.
Who Cornelius Holani is. Holani was lawfully admitted to the United States in July 2023, when he was 17, under the Visa Waiver Program — the program that allows citizens of participating countries like New Zealand to enter without a visa for up to 90 days for tourism or business. He remained beyond that period. He has no criminal record. He has no prior immigration enforcement history. His mother is a green card holder. His stepfather is a U.S. citizen. He lives in Seattle, cares for his elderly grandmother and volunteers teaching traditional Tongan dance at his church.
DHS issued a statement to Newsweek framing the case differently: on July 31, ICE arrested Cornelius Kaihau Holani, an illegal alien from New Zealand, who had entered on July 13, 2023 on a visa permitting him to remain until October 10, 2023, and in violation of U.S. law had overstayed.
DHS did not mention the agent who told him the document was “nothing like that.”
What the judge found. Judge Wise determined that Holani had demonstrated a strong likelihood of being entitled to a hearing before an immigration judge before being detained. She found that continued detention would cause “irreparable harm.” And she concluded that the balance of equities favored the young man.
The document ICE used to argue Holani had waived his right to challenge removal was obtained through a false representation by a government officer. In legal terms, that is called coercion. In plain terms, it is called a lie.
The Oakland pattern. Oakland Airport is not appearing here for the first time. The same airport was the scene of the Chantal Morales Rojas case — the 27-year-old Ecuadorian woman ICE intercepted on the jet bridge on July 20, 2026, before she could board a Southwest flight to Oakland. The mechanism in both cases: TSA passenger data shared with ICE that allows agents to locate targets before they board. The difference: in Chantal’s case, DHS says she had a removal order dating to 2019. In Holani’s case, the only “violation” was overstaying a visa — and the document the government used to block his rights was signed under the belief it had nothing to do with his deportation.
The broader context. Federal courts have spent months halting ICE operations they find to violate due process. In June 2026, a federal judge ordered DHS to return a migrant deported to Honduras without being given an opportunity to challenge his removal. In July, Judge Gorton in Boston blocked the cancellation of work permits for TPS holders from El Salvador, Sudan and Ukraine. The Trump administration has responded by labeling judges who block its operations “activists” who “improperly interfere.”
The Holani hearing is set for August 13. Until then, Cornelius Holani is free, in Seattle, with his grandmother and his dance classes. ICE says he broke the law. A federal judge says ICE lied to him.
Disseram a ele “não é nada disso” enquanto o faziam assinar seus papéis de deportação: uma juíza federal chama de “coerção” o que o ICE fez em Oakland com um jovem de 20 anos sem ficha criminal
Cornelius Kaihau Holani, neozelandês de etnia tonganesa, chegou legalmente aos EUA aos 17 anos, cuida da avó e ensina dança tonganesa na igreja em Seattle. O ICE o deteve no aeroporto de Oakland em 31 de julho, o algemou, o levou a um escritório em San Francisco e o fez assinar um documento dizendo que não tinha nada a ver com sua deportação. Era exatamente isso. Uma juíza o libertou e marcou audiência para 13 de agosto.
OAKLAND / SAN FRANCISCO, CALIFÓRNIA — Em 31 de julho de 2026, Cornelius Kaihau Holani, de 20 anos, cidadão neozelandês de etnia tonganesa, esperava no aeroporto de Oakland para embarcar em um voo doméstico para Seattle. Quatro agentes do ICE à paisana se aproximaram, o algemaram e o transportaram para um escritório do ICE na 630 da rua Sansome, em San Francisco. Lá, apresentaram-lhe um documento e mandaram-no assinar.
Holani perguntou se o documento tinha a ver com sua deportação.
Um agente disse que não. Que era “nada disso.”
Ele assinou. O que ele assinou era um documento pelo qual o governo argumentaria posteriormente que ele havia renunciado ao direito de contestar sua remoção dos Estados Unidos.
Na terça-feira, 5 de agosto, a juíza federal do Distrito Norte da Califórnia Noël Wise — indicada por Biden — emitiu uma ordem de três páginas. Sua conclusão: o ICE “coagiu” Holani a assinar o documento. Ordenou sua libertação até as 23h de 4 de agosto, proibiu as autoridades federais de detê-lo novamente ou expulsá-lo do país até que uma audiência seja realizada, e marcou essa audiência para 13 de agosto.
Quem é Cornelius Holani. Holani foi legalmente admitido nos Estados Unidos em julho de 2023, quando tinha 17 anos, pelo Programa de Isenção de Visto — o programa que permite a cidadãos de países participantes como a Nova Zelândia entrar sem visto por até 90 dias para turismo ou negócios. Permaneceu além desse prazo. Não tem ficha criminal. Não tem histórico de aplicação da lei de imigração. Sua mãe tem green card. Seu padrasto é cidadão americano. Mora em Seattle, cuida da avó idosa e ensina voluntariamente dança tradicional tonganesa na sua igreja.
O DHS emitiu um comunicado à Newsweek enquadrando o caso de outra forma: em 31 de julho, o ICE prendeu Cornelius Kaihau Holani, um estrangeiro ilegal da Nova Zelândia, que havia entrado em 13 de julho de 2023 com um visto que permitia sua permanência até 10 de outubro de 2023, e que, em violação às leis americanas, permaneceu além do prazo.
O DHS não mencionou o agente que disse que o documento era “nada disso.”
O que a juíza concluiu. A juíza Wise determinou que Holani havia demonstrado alta probabilidade de ter direito a uma audiência diante de um juiz de imigração antes de ser detido. Concluiu que mantê-lo detido causaria “dano irreparável.” E considerou que o equilíbrio dos fatores favorecia o jovem.
O documento que o ICE usou para argumentar que Holani havia renunciado ao direito de contestar a remoção foi obtido por meio de uma declaração falsa de um oficial do governo. Em linguagem jurídica, isso se chama coerção. Em linguagem cotidiana, se chama mentira.
O padrão de Oakland. O aeroporto de Oakland não aparece aqui pela primeira vez. O mesmo aeroporto foi palco do caso de Chantal Morales Rojas, a equatoriana de 27 anos interceptada pelo ICE na passarela de embarque em 20 de julho de 2026, antes de embarcar em um voo da Southwest para Oakland. O mecanismo em ambos os casos: dados de passageiros compartilhados pela TSA com o ICE, que permite localizar os alvos antes de embarcarem. A diferença: no caso de Chantal, o DHS diz que ela tinha uma ordem de deportação desde 2019. No caso de Holani, a única “infração” foi ficar além do prazo do visto — e o documento que o governo usou para bloquear seus direitos foi assinado sob a crença de que não tinha nada a ver com sua deportação.
O contexto mais amplo. Os tribunais federais passam meses freando operações do ICE que consideram violadoras do devido processo. Em junho de 2026, um juiz federal ordenou ao DHS que devolvesse um migrante deportado para Honduras sem ter tido a oportunidade de contestar sua expulsão. Em julho, o juiz Gorton em Boston bloqueou o cancelamento das autorizações de trabalho de titulares de TPS de El Salvador, Sudão e Ucrânia. A administração Trump tem respondido classificando os juízes que freiam suas operações de “ativistas” que “interferem de forma inadequada.”
A audiência do caso Holani está marcada para 13 de agosto. Até lá, Cornelius Holani está livre, em Seattle, com a avó e as aulas de dança. O ICE diz que ele violou a lei. Uma juíza federal diz que o ICE mentiu para ele.