“Esta persona necesita un médico, no una deportación”: congresistas visitaron a Wilber Garcés y confirman que necesita cirugía — un juez bloqueó su deportación hasta el 30 de septiembre

“Esta persona necesita un médico, no una deportación”: congresistas visitaron a Wilber Garcés y confirman que necesita cirugía — un juez bloqueó su deportación hasta el 30 de septiembre

El congresista Greg Casar visitó al venezolano baleado en el centro de detención de Pearsall. Le dijo que un especialista le confirmó que necesita operación para extraerle la bala que le entró por la espalda, debajo del cuello. Lo sacaron del hospital en menos de 4 horas. Tres días después del disparo le administraron el primer analgésico fuerte. El congresista Joaquín Castro dijo: “Lo que se le ha hecho a Wilber es tortura.” El secretario Mullin dijo que recibió “la mejor atención médica de su vida.”

PEARSALL / AUSTIN, TEXAS — El miércoles 23 de septiembre de 2026, el congresista demócrata Greg Casar, que representa a parte de Austin en el Congreso federal, visitó a Wilber Rafael Garcés Pérez en el Centro de Procesamiento del ICE del Sur de Texas, en Pearsall, donde el venezolano de 28 años está detenido desde que fue baleado en la espalda el domingo 20 de septiembre mientras hacía entregas para DoorDash.

Lo que Casar encontró y describió en una conferencia de prensa esa misma tarde resume el estado de un hombre que lleva cuatro días con una bala dentro de su cuerpo.

“Un especialista le dijo que requería cirugía para extraer el proyectil que sigue en su cuerpo. Sabemos que la cirugía tiene sus beneficios y que conlleva riesgos”, dijo Casar. “Si Wilber y su esposa deciden que tiene que someterse a la cirugía, el Servicio de Inmigración debe agilizar su tratamiento.”

La bala le entró por la espalda, debajo del cuello. Le fracturó la clavícula. Sigue adentro. Y el proyectil está cerca de la columna — lo suficientemente cerca como para que la pérdida de sensibilidad en el brazo izquierdo que su abogada reportó el martes sea consistente con compresión neurológica, según médicos consultados.

Cuatro horas en el hospital — y luego el centro de detención. Garcés Pérez relató en una llamada telefónica del lunes lo que ocurrió el domingo tras el disparo: “A menos de cuatro horas de haber sido baleado, fui sacado del hospital. Ni siquiera me permitieron hablar con mi médico antes de que fuera dado de alta. Enviaron a otra gente para decirme que tenía que salir del hospital y que el Servicio de Inmigración tenía interés en sacarme.”

Lo que recibió esa primera noche en Pearsall: “Una enfermera me dio una pastilla. Eso fue todo.”

Tres días después del disparo, la tarde del miércoles — una hora antes de que llegara el congresista Casar —, el personal del centro le administró por primera vez un analgésico más fuerte. “Imagínense eso, tres días después de haber sido baleado”, dijo Casar.

La abogada Kate Lincoln-Goldfinch describió el estado del herido cuando fue visitado: “Tiene una herida en la espalda con vendaje y sangre. El disparo le fracturó la clavícula y sigue padeciendo hinchazón y dolor intensos. Actualmente lleva un cabestrillo.”

La secuencia que la abogada denunció como represalia. Después de la llamada telefónica del lunes — la rueda de prensa en la que Garcés habló desde el centro y dijo que tenía la bala adentro —, la abogada dijo que el personal del centro de detención le quitó por la fuerza la tableta que usaba para comunicarse, le informó que se le habían revocado los privilegios de comunicación y lo trasladaron de la enfermería a una habitación aislada con una cama plana no ajustable. Más tarde, cuando dejó de mover el brazo izquierdo, fue trasladado al hospital — con esposas en las manos, grilletes en los tobillos y una cadena en la cintura — donde le administraron morfina intravenosa. A medianoche fue devuelto al centro y puesto en la celda de aislamiento, sin la tableta. Las afirmaciones de la abogada no han sido verificadas de manera independiente.

Lo que dijo Mullin — y lo que respondió Casar. El secretario del DHS, Markwayne Mullin, había declarado públicamente que Garcés Pérez había recibido “la mejor atención médica de su vida”. En la conferencia de prensa del miércoles, un periodista le preguntó a Casar sobre esa declaración.

“Obviamente no ha recibido la mejor atención médica de su vida. No tuvo suficientes medicamentos. No estuvo en el hospital más de tres horas. Entonces, si quiere decir el secretario ese tipo de mentiras, lo que puede hacer es empezar a darle una atención médica decente.”

El congresista Joaquín Castro, que no pudo estar presente por un retraso en su vuelo, envió una declaración leída por un miembro de su equipo: “Lo que se le ha hecho a Wilber hasta el momento es tortura. No es una exageración. Después de que recibió un disparo en la espalda y fue esposado sin que se le dieran los primeros auxilios, solo le permitieron estar en el hospital por unas horas antes de que fuera llevado a un centro de detención. Las instalaciones en el centro de procesamiento no están preparadas para atender a un paciente que ha experimentado ese tipo de trauma.”

El juez que bloqueó la deportación. El martes, la abogada Lincoln-Goldfinch anunció en Instagram que presentó una demanda federal y que el juez federal Orlando L. García, de San Antonio, Texas, emitió una orden que bloquea temporalmente la deportación de Garcés Pérez hasta que comparezca en audiencia. La audiencia está programada para el miércoles 30 de septiembre. “Me alegra que se haya bloqueado la deportación, pero no es suficiente. Wilber debe ser liberado de inmediato”, dijo la abogada.

Wilber Garcés tiene 28 años, huyó de Venezuela — el mismo país que Trump describe como un régimen terrorista —, tenía permiso para estar en EE.UU. y trabajar, y estaba haciendo entregas de comida cuando fue baleado en la espalda. La bala sigue dentro. La cirugía está pendiente. Y el 30 de septiembre, un juez decidirá si puede seguir en el país mientras se procesa su situación.


“This person needs a doctor, not a deportation”: lawmakers visited Wilber Garcés and confirm he needs surgery — a judge blocked his deportation until September 30

Congressman Greg Casar visited the Venezuelan man shot by ICE at the Pearsall detention center. He says a specialist confirmed Garcés needs an operation to remove the bullet that entered through his back, below the neck. He was removed from the hospital in less than 4 hours. Three days after being shot he received his first strong painkiller. Congressman Joaquín Castro said: “What has been done to Wilber is torture.” Secretary Mullin said he received “the best medical care of his life.”

PEARSALL / AUSTIN, TEXAS — On Wednesday, September 23, 2026, Democratic Congressman Greg Casar, who represents part of Austin in Congress, visited Wilber Rafael Garcés Pérez at ICE’s South Texas Processing Center in Pearsall, where the 28-year-old Venezuelan has been held since being shot in the back on Sunday, September 20, while making DoorDash deliveries.

What Casar found and described at a press conference that same afternoon summarizes the condition of a man who has spent four days with a bullet in his body.

“A specialist told him he required surgery to remove the projectile that remains in his body. We know surgery has its benefits and also carries risks,” Casar said. “If Wilber and his wife decide he needs to undergo surgery, the Immigration Service must expedite his treatment.”

The bullet entered through his back, below the neck. It fractured his clavicle. It’s still inside. And the projectile is close to the spine — close enough that the loss of sensation in his left arm that his attorney reported Tuesday is consistent with neurological compression, according to medical experts.

Four hours in the hospital — and then the detention center. Garcés Pérez described in a phone call Monday what happened Sunday after the shooting: “Less than four hours after I was shot, I was taken out of the hospital. They didn’t even let me speak with my doctor before I was discharged. They sent other people to tell me I had to leave the hospital and that Immigration was interested in taking me out.”

What he received that first night at Pearsall: “A nurse gave me a pill. That was it.”

Three days after being shot, Wednesday afternoon — one hour before Congressman Casar arrived — facility staff administered a stronger painkiller for the first time. “Imagine that, three days after being shot,” Casar said.

Attorney Kate Lincoln-Goldfinch described the patient’s condition: “He has a wound on his back with bandaging and blood. The bullet fractured his clavicle and he continues to suffer intense swelling and pain. He is currently wearing a sling.”

The sequence the attorney described as retaliation. After Monday’s phone call — the press conference in which Garcés spoke from the facility and said the bullet was still inside him — the attorney said detention center staff forcibly took away the tablet he was using to communicate, informed him his communication privileges had been revoked, and moved him from the infirmary to an isolated room with a flat, non-adjustable bed. Later, when he stopped moving his left arm, he was transferred to a hospital — with handcuffs, ankle shackles and a chain around his waist — where he received intravenous morphine. At midnight he was returned to the facility and placed in isolation, without the tablet. The attorney’s claims have not been independently verified.

What Mullin said — and what Casar answered. DHS Secretary Markwayne Mullin had publicly stated that Garcés Pérez received “the best medical care of his life.” At Wednesday’s press conference, a journalist asked Casar about that statement.

“Obviously he has not received the best medical care of his life. He didn’t have enough medication. He wasn’t in the hospital for more than three hours. So if the secretary wants to say those kinds of lies, what he can do is start giving him decent medical care.”

Congressman Joaquín Castro, unable to attend due to a flight delay, sent a statement read by a staff member: “What has been done to Wilber so far is torture. That is not an exaggeration. After he received a bullet in the back and was handcuffed without first aid, they only allowed him to stay in the hospital for a few hours before he was taken to a detention center. The facilities at the processing center are not equipped to treat a patient who has experienced that type of trauma.”

The judge who blocked deportation. On Tuesday, attorney Lincoln-Goldfinch announced on Instagram that she had filed a federal lawsuit and that federal judge Orlando L. García of San Antonio, Texas, had issued an order temporarily blocking Garcés Pérez’s deportation until he appears for a hearing. The hearing is scheduled for Wednesday, September 30. “I’m glad that deportation has been blocked, but it’s not enough. Wilber must be immediately released,” the attorney said.

Wilber Garcés is 28, fled Venezuela — the same country Trump describes as a terrorist regime — had authorization to be in the U.S. and work, and was delivering food when shot in the back. The bullet is still inside. The surgery is pending. And on September 30, a judge will decide whether he can remain in the country while his situation is processed.


“Esta pessoa precisa de um médico, não de uma deportação”: congressistas visitaram Wilber Garcés e confirmam que ele precisa de cirurgia — um juiz bloqueou a deportação até 30 de setembro

O congressista Greg Casar visitou o venezuelano baleado no centro de detenção de Pearsall. Diz que um especialista confirmou que Garcés precisa de operação para extrair a bala que entrou pelas costas, abaixo do pescoço. Foi retirado do hospital em menos de 4 horas. Três dias após o disparo recebeu o primeiro analgésico forte. O congressista Joaquín Castro disse: “O que foi feito a Wilber é tortura.” O secretário Mullin disse que ele recebeu “o melhor atendimento médico de sua vida.”

PEARSALL / AUSTIN, TEXAS — Na quarta-feira, 23 de setembro de 2026, o congressista democrata Greg Casar, que representa parte de Austin no Congresso federal, visitou Wilber Rafael Garcés Pérez no Centro de Processamento do ICE do Sul do Texas, em Pearsall, onde o venezuelano de 28 anos está detido desde que foi baleado nas costas no domingo, 20 de setembro, enquanto fazia entregas pelo DoorDash.

O que Casar encontrou e descreveu numa conferência de imprensa naquela mesma tarde resume o estado de um homem que passa quatro dias com uma bala dentro do corpo.

“Um especialista lhe disse que precisava de cirurgia para extrair o projétil que continua no corpo. Sabemos que a cirurgia tem seus benefícios e também traz riscos”, disse Casar. “Se Wilber e a esposa decidirem que ele precisa ser operado, o Serviço de Imigração deve agilizar o tratamento.”

A bala entrou pelas costas, abaixo do pescoço. Fraturou a clavícula. Continua dentro. E o projétil está perto da coluna — o suficientemente perto para que a perda de sensibilidade no braço esquerdo que a advogada relatou na terça-feira seja consistente com compressão neurológica, segundo médicos consultados.

Quatro horas no hospital — e depois o centro de detenção. Garcés Pérez descreveu numa ligação telefônica de segunda-feira o que aconteceu no domingo após o disparo: “Menos de quatro horas depois de ter sido baleado, fui retirado do hospital. Não me deixaram nem falar com meu médico antes da alta. Mandaram outras pessoas me dizer que tinha que sair do hospital e que o Serviço de Imigração tinha interesse em me tirar.”

O que recebeu naquela primeira noite em Pearsall: “Uma enfermeira me deu um comprimido. Foi só isso.”

Três dias após o disparo, na tarde de quarta-feira — uma hora antes da chegada do congressista Casar —, o pessoal do centro administrou pela primeira vez um analgésico mais forte. “Imaginem isso, três dias depois de ter sido baleado”, disse Casar.

A advogada Kate Lincoln-Goldfinch descreveu o estado do paciente: “Tem uma ferida nas costas com curativo e sangue. O disparo fraturou a clavícula e continua sofrendo inchaço e dor intensos. Atualmente usa tipoia.”

A sequência que a advogada denunciou como represália. Após a ligação de segunda-feira — a conferência em que Garcés falou do centro e disse que tinha a bala dentro —, a advogada disse que o pessoal do centro retirou à força o tablet que ele usava para se comunicar, informou que os privilégios de comunicação haviam sido revogados e o transferiu da enfermaria para uma sala isolada com cama plana e não ajustável. Mais tarde, quando parou de mover o braço esquerdo, foi levado ao hospital — com algemas nas mãos, grilhões nos tornozelos e uma corrente na cintura — onde recebeu morfina intravenosa. À meia-noite foi devolvido ao centro e colocado em isolamento, sem o tablet. As afirmações da advogada não foram verificadas de forma independente.

O que Mullin disse — e o que Casar respondeu. O secretário do DHS, Markwayne Mullin, havia declarado publicamente que Garcés Pérez recebeu “o melhor atendimento médico de sua vida”. Na conferência de quarta-feira, um jornalista perguntou a Casar sobre essa declaração.

“Obviamente não recebeu o melhor atendimento médico de sua vida. Não teve medicamentos suficientes. Não ficou no hospital por mais de três horas. Então, se o secretário quer dizer esse tipo de mentiras, o que pode fazer é começar a dar a ele um atendimento médico decente.”

O congressista Joaquín Castro, que não pôde estar presente por um atraso no voo, enviou uma declaração lida por um membro de sua equipe: “O que foi feito a Wilber até agora é tortura. Não é exagero. Depois de receber um tiro nas costas e ser algemado sem que fossem prestados primeiros socorros, só o deixaram no hospital por algumas horas antes de ser levado a um centro de detenção. As instalações no centro de processamento não estão preparadas para atender um paciente que passou por esse tipo de trauma.”

O juiz que bloqueou a deportação. Na terça-feira, a advogada Lincoln-Goldfinch anunciou no Instagram que apresentou uma ação federal e que o juiz federal Orlando L. García, de San Antonio, Texas, emitiu uma ordem que bloqueia temporariamente a deportação de Garcés Pérez até que compareça a uma audiência. A audiência está programada para quarta-feira, 30 de setembro. “Fico feliz que a deportação tenha sido bloqueada, mas não é suficiente. Wilber deve ser liberado imediatamente”, disse a advogada.

Wilber Garcés tem 28 anos, fugiu da Venezuela — o mesmo país que Trump descreve como um regime terrorista —, tinha autorização para estar nos EUA e trabalhar, e estava fazendo entregas de comida quando foi baleado nas costas. A bala continua dentro. A cirurgia está pendente. E em 30 de setembro, um juiz decidirá se ele pode permanecer no país enquanto sua situação é processada.

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